El blog de la Mutualidad de la Abogacía

Charla entre dos mujeres
20 agosto 2019

Un abogado empático, un abogado más eficaz

Es un rasgo esencial en cualquier abogado. Ser capaces de reconocer las emociones ajenas y ponernos en lugar del otro nos hace mejores profesionales, fortalece la relación de confianza con el cliente e incluso con la otra parte o los jueces.   

Hace unos días hablábamos de La importancia de la inteligencia emocional en la Abogacía como piedra angular para reconocer los sentimientos propios y ajenos y manejarlos.  Ahora vamos a ahondar en uno de los cinco componentes principales de la inteligencia emocional: la empatía o reconocimiento de las emociones ajenas. Pero ¿qué es empatía? ¿Cómo influye en mi labor profesional? ¿Por qué me hace ser un abogado más eficaz?

Empecemos por recordar que empatía, según la RAE, es la “capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos”. Hay dos frases de Daniel Goleman, autor del libro Inteligencia emocional, que resumen muy bien su importancia en cualquier profesión: “La empatía representa la base para todas las competencias sociales importantes en el trabajo” y “Si no tienes empatía y relaciones personales efectivas, no importa lo inteligente que seas, no vas a llegar muy lejos”.

Estos pensamientos nos llevan al siguiente nivel: la empatía es un rasgo esencial en cualquier abogado, no para caer simpático a su cliente (que también), sino para ser más eficaz en su trabajo. Te contamos por qué.

 

Empatía y Abogacía

El cliente está en el centro de nuestra profesión (o al menos así debería ser). Un abogado empático será aquel capaz de ponerse en la piel de la otra persona, entender sus emociones, su forma de actuar y su perspectiva. Eso implica conectar con el cliente, pero no significa estar de acuerdo con su comportamiento o actitudes. Por el contrario, empatizar con el cliente no significa aprobar su conducta o cambiar nuestros principios, sino colocarnos en el lugar del otro para entender las motivaciones de esa conducta.

En definitiva, nos permite ser más objetivos y colocar en segundo plano nuestras propias experiencias y opiniones para hacer un ejercicio de reflexión sobre cuáles son sus circunstancias. Visto así puede parecer un ejercicio altruista, sin embargo nos será de gran utilidad en nuestra profesión.

 

Empatía y eficacia

Imagina un caso concreto en tu profesión. Actuar con empatía facilitará muchísimo tu comunicación con el cliente, que sentirá que lo escuchas sin juzgarlo y estará dispuesto a sincerarse contigo.  Esta identificación emocional nunca debe hacer que pierdas la perspectiva y la objetividad.

Obtendrás información no solo de lo que te cuenta, la confianza generada te permitirá “leer” a tu cliente, entender sus preocupaciones, lo que necesita, por lo que está pasando. Todo ese bagaje de conocimiento te ayudará a encontrar las soluciones más acertadas y favorables para su caso concreto.

Piensa que nuestros clientes vienen a nuestros despachos generalmente en un momento difícil de su vida y con una carga emocional muy grande. Esta puede ser de frustración, de tristeza, de decepción, de furia, depresión, etc., de ahí que la empatía nos abra un camino tan importante para entender por lo que están pasando y, a la vez, ver todo con mayor claridad y sosiego.

El abogado empático, al igual que hace con sus clientes, será capaz de empatizar con los abogados de la otra parte o los jueces. Siempre guardando la distancia debida, la empatía favorece el entendimiento de la función del otro y la buena relación con todas las partes.

Lo mismo sucede en los propios despachos. Los abogados empáticos suelen ser buenos líderes, trabajan muy bien en equipo y favorecen un clima laboral agradable, ya que son capaces de comprender la visión de los demás compañeros y son buenos interlocutores.

 

¿Qué no es empatía?

Llegados a este punto, tan importante es saber qué es empatía como entender qué no lo es. Empatía no es compasión ni pena. Estos sentimientos implican sufrimiento, ternura e identificación ante los males de alguien. Provocan en nosotros una necesidad de paliar esos efectos en quien los sufre, no implican ningún ejercicio de reflexión y nos distancian del otro (ya que nos sitúan en un plano superior, no de igual a igual).

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