El blog de la Mutualidad de la Abogacía

Robot quirúrgico
22 abril 2019

Un robot… ¡a tu salud!

El robot quirúrgico Da Vinci asiste a los cirujanos y Maggie ha sido creada para dar servicio y acompañar a enfermos de alzhéimer. Son solo dos asombrosos ejemplos.

Personas parapléjicas que vuelven a andar gracias a un pequeño implante electrónico, nanorrobots que se pueden introducir en el cuerpo y llevar medicina a partes concretas de este, exoesqueletos para rehabilitación del movimiento en seres humanos a través de señales bioeléctricas… o quizás el más conocido por todos: Da Vinci, un sistema robótico que permite a los cirujanos de todo el mundo llevar a cabo operaciones complejas de la forma menos invasiva posible y con una precisión milimétrica.

 

Piernas de robot

¿Sabías que el primer exoesqueleto pediátrico del mundo fue creado por una empresa española? Tiene una función terapéutica y está pensado para ayudar a caminar a niños de 3 a 14 años con enfermedades neuromusculares. Su historia empezó con nombre de mujer: Daniela, una niña afectada de tetraplejia. Casi una década atrás, esta tenía 6 años y un encuentro de sus padres con Elena García Armada, ingeniera industrial del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas), fue el origen de este bonito proyecto. Tras conocer su caso, Elena enfocó sus investigaciones en el desarrollo de un exoesqueleto para mejorar la calidad de vida de los niños como Daniela.

“Las personas estamos hechas fisiológicamente para caminar, necesitamos hacerlo para estar bien. De hecho, los efectos más graves de las enfermedades neuromusculares se deben a no caminar”, explica la científica. Sumado a ello, había una razón por la cual no había exoesqueletos pediátricos en todo el mundo. No era por su tamaño, sino por su difícil funcionalidad. Son verdaderos “músculos artificiales”, que aprenden e interpretan la sintomatología del niño en cada momento.

Después de tantos años de trabajo, incluida la creación de la empresa Marsi Bionics hace tres años con el fin de facilitar la llegada al mercado, y por ende a la sociedad, del exoesqueleto pediátrico, se espera que por fin vea la luz muy pronto. El camino para industrializar estos dispositivos está siendo enorme, difícil, y curiosamente “los principales obstáculos a los que nos enfrentamos no son ni científicos ni tecnológicos, son financieros, regulatorios y legales”, dice la ingeniera.

A cambio y pese a todo, da gusto ver las sonrisas de los niños que los prueban; las mejoras físicas en la movilidad de los brazos, el tronco o el cuello pronto se hacen notar, pero también en el ánimo y la autoestima de los más pequeños. “Sustituir la silla de ruedas por un exoesqueleto tiene un impacto psicológico tremendo al proporcionar al niño esa autonomía que necesita para su autoestima y permitirle integrarse socialmente, cumpliendo así con los aspectos psicológicos que necesita para su desarrollo personal”, detallan fuentes de Marsi Bionics.

Proyectos como este demuestran que los científicos españoles están a la cabeza de la robótica internacional, a pesar de la falta de apoyo e inversión en investigación. Sumado a ello, los inversores privados se encuentran ante la encrucijada de asumir un alto riesgo asociado a los largos trámites burocráticos normativos. Todo ello se traduce en una cuenta pendiente de España: conseguir que los resultados de laboratorio lleguen pronto a la sociedad.

 

¿El robot tiene la culpa?

Un dato curioso: ¿cómo se repartirán las horas trabajadas entre humanos y robots en 2022? Pasarán del actual 71 % para humanos y 29 % para máquinas a un sorprendente 58 % y 42 %. Incluso habrá labores en que los robots hagan más trabajos que los humanos según las previsiones del Foro Económico Mundial.

Ello trae aparejado otro debate: ¿hay que dotar de personalidad jurídica a los robots para asumir responsabilidades por sus actos? Hay mucho por hacer aún para despejar las lagunas éticas y vacíos legales sobre los robots. De hecho, se ha puesto en marcha ya una iniciativa, “Inclusive Robotics for a Better Society”, dirigida por el Instituto Cajal del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en la que participan 25 instituciones de 13 países europeos y que cuenta con una financiación cercana a los 3 millones de euros. Sin duda, sus conclusiones darán mucho que hablar.

 


Los empleos del futuro

Habrá trabajo, pero diferente del actual. Frente a la visión apocalíptica que relaciona automatización con desempleo masivo, el Foro Económico Mundial habla en su informe The future of Jobs 2018 del “potencial de las nuevas tecnologías”. Calcula que sí desaparecerán 75 millones de empleos para 2022, pero surgirán también 133 millones de nuevos trabajos de alta calidad. Entre los primeros encontramos los trabajadores de contabilidad y administradores, secretarios administrativos y ejecutivos, trabajadores de fábricas y cadenas de montaje o de información al cliente, entre otros.

Nuevas profesiones

Pero, por el contrario, se espera que las tecnologías abran puertas a nuevos profesionales como analistas de datos y científicos, especialistas en inteligencia artificial y aprendizaje de máquinas, desarrolladores de software y aplicaciones de transformación digital, nuevas tecnologías…

Eso sí, advierten de que será una carrera contra reloj que requerirá preparación. De aquí a cinco años, al menos el 54 % de los trabajadores tendrán que mejorar sus habilidades si quieren tener cabida en la llamada “cuarta revolución industrial”.

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