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Una pareja de viaje
2 agosto 2018

Viajar nos hace felices

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Todos buscamos la felicidad. Pero ¿sabemos dónde encontrarla? Investigaciones científicas recientes apuntan a que la suma de experiencias no solo nos da las mayores satisfacciones, sino que estas son beneficiosas para nuestra salud.

Cada vez viajamos más. Los residentes en España efectuaron 193,7 millones de viajes en 2017, un 6,5 % más que el año anterior, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). ¿Qué nos lleva a preparar nuestra maleta y a partir en busca de aventuras? La pregunta parece a priori sencilla: viajar estimula nuestra mente, nos permite explorar nuevas formas de vida, de clima, incluso de culturas… En definitiva, nos hace sentir bien.

Esta respuesta intuitiva tiene una base científica en torno a los beneficios psicológicos, emocionales y físicos del buen hábito de viajar. La ciencia ha hablado.

 

La felicidad de la experiencia

Es mucho más probable que te sientas conectado con alguien con quien disfrutaste unas vacaciones en Bogotá que con quien hayas comprado un televisor. Esta frase tan simple encierra una verdad científica que el psicólogo Thomas Gilovich lleva décadas buscando. Este investigador y profesor de la Universidad de Cornell, Nueva York (EE. UU.), ha elaborado numerosos estudios sobre los costes psicológicos de la abundancia material de la sociedad de consumo en la que vivimos y cómo se pueden minimizar.

¿Recuerdas aquella frase de Bo Derek?: “Quien dijo que el dinero no puede comprar la felicidad simplemente no sabía dónde ir de compras”. Asumiendo que el dinero puede proporcionarnos capacidad para adquirir bienes que nos hagan felices, Gilovich fue un paso más allá y se preguntó: “¿En qué nos produce más satisfacción gastarlo?”. Curiosamente, muchos aseguraban que en bienes materiales de larga duración o lujosos. Tiene su lógica, ya que son productos que nos van a durar años y cuyo consumo o deleite es reiterado en el tiempo.

Sin embargo, el psicólogo estadounidense llegó a la conclusión, tras años de estudios, de que la compra de experiencias como viajar nos proporciona mayor felicidad que adquirir bienes materiales. ¿Por qué? Porque la suma de experiencias, los recuerdos que vamos almacenando, nos brindan un placer y un bienestar a largo plazo que se va incrementando, mientras que la satisfacción inicial que sentimos al comprar algo se va desvaneciendo con el tiempo. Más aún, la anticipación de las experiencias que vamos a vivir durante el viaje nos genera una sensación de felicidad mayor que la anticipación propia de comprar objetos.

 

Adiós al estrés

El estrés es la pandemia de nuestro siglo en los países occidentales. Intuitivamente sabemos que un viaje nos permite desconectar del ritmo frenético y las obligaciones diarias, para centrarnos en la belleza de un paisaje, relajándonos en una piscina o descubriendo nuevas culturas.

Así lo corrobora un estudio publicado en la revista estadounidense Wisconsin Medical Journal. Este compara el estado psicológico de estrés entre dos grupos de mujeres del entorno rural de Wisconsin, en el que unas disfrutan de vacaciones con más frecuencia que las otras. Según sus conclusiones, las mujeres del primer grupo son menos proclives a estar tensas, cansadas o deprimidas, e incluso están más satisfechas en su matrimonio. Además, su estado psicológico redunda en una mayor calidad de vida y también conduce a un mejor rendimiento laboral.

 

Fortalece tu corazón

“Las vacaciones pueden ser buenas para su salud”. Es la conclusión del estudio publicado por la American Psychosomatic Society, que efectuó un seguimiento durante nueve años a un grupo de hombres con elevado riesgo de mortalidad por enfermedad cardiovascular. Tras este periodo, llegaron a la conclusión de que la frecuencia de sus vacaciones anuales se asociaba a una disminución del riesgo de mortalidad por todas las causas, y más específicamente las cardiovasculares, en un porcentaje del 21 %.

En este sentido, resulta interesante la asociación entre viajes y salud que hacen los estadounidenses en una encuesta publicada por el Transamerica Center for Retirement Studies. En esta llegan a la conclusión de que la mayoría vincula los viajes a su salud, pero estas conexiones generalmente giran en torno a los beneficios inmediatos a corto plazo, como la reducción del estrés y la mejora de las perspectivas. Pero son menos propensos a conectar los viajes con beneficios de salud a largo plazo, como un menor riesgo de enfermedad cardíaca o alzhéimer. Sin embargo, muchos están aún más motivados para viajar tras conocer dichos beneficios.

 

Activa tu cerebro

¿Por qué viajar es bueno para nuestro cerebro? “Al contrario de lo que se creía durante mucho tiempo, nuestro cerebro va cambiando a lo largo de nuestra vida, que es lo que se conoce como neuroplasticidad. Nuestras neuronas pueden crear nuevas conexiones, incluso se pueden formar nuevas neuronas, pero para ello es clave entrenar y estimular nuestro cerebro. Y hay tres elementos claves para hacerlo: enfrentar nuestro cerebro a la novedad, la variedad y el desafío. Viajar cumple con los tres”, señala el doctor José Manuel Moltó, vocal de la Sociedad Española de Neurología, en un comunicado publicado por esta entidad.

La rutina es nefasta para nuestro cerebro. Por el contrario, viajar y enfrentarnos a nuevos lugares, sensaciones, olores, sonidos o sabores hace que obliguemos a nuestro cerebro a usar todas sus capacidades, manteniéndolo activo y sano. “Cuando viajas a otro lugar, sobre todo si este es desconocido para ti, estás obligando a tu cerebro a estar en un continuo proceso de solución de problemas y de superación de desafíos. Viajar requiere, principalmente, aprender y memorizar todo lo extraño hasta que todo resulte normal y conocido. Esto es un desafío para tu cerebro y supone un entrenamiento acelerado”, explica Moltó.

La conclusión es inequívoca: viajar es muy favorable para nuestro cerebro. “Es importante entrenar y estimular el cerebro porque, con el tiempo, un mayor número de conexiones implica una mayor reserva cognitiva, lo que permite que nuestro cerebro sea más resistente al deterioro de la edad o a los síntomas de las enfermedades neurológicas. Además, cuanto más rica es nuestra vida y cuantas más experiencias distintas tenemos, más posibilidades hay de que alcancemos una edad elevada con un cerebro sano”.

¡Hazlo por tu salud!

Si llegados a este punto aún no te has convencido, deberías leer Go Away, Just For The Health Of It, algo así como “Viaja, aunque solo sea por lo saludable que es”. Es un interesante libro del prestigioso médico canadiense Mel Borins que nos hace pensar y nos motiva a preparar el equipaje.

¿Sigues posponiendo la salida porque piensas que no mereces un tiempo libre? ¿Te espera un respiro y quieres alejarte de todo? ¿Conoces personas que necesitan una excusa para tomar unas vacaciones? Este libro habla sobre la importancia de las vacaciones y el tiempo de ocio para el manejo del estrés, la salud y el equilibrio del estilo de vida, mientras redunda en los beneficios para el funcionamiento intelectual y las relaciones familiares.

Con su lectura descubrirás por qué los viajes y las vacaciones son inversiones importantes en tu vida, son necesarias para mantenerse saludable y qué papel desempeñan en la transformación de las personas y las familias. Es un libro apoyado en la investigación médica, pero lleno de sabiduría, historias fascinantes y motivadoras, así como de consejos prácticos.

El gen viajero

Hay personas que parecen nacer con una maleta bajo el brazo, con una curiosidad innata por descubrir nuevos horizontes. ¿Es tu caso? Puede que la respuesta esté en tu genoma. En estudios científicos y debates al respecto se habla de una variante de un gen llamado DRD4, que interviene en el control de la dopamina, un mensajero químico del cerebro con una función importante en el aprendizaje y los mecanismos de recompensa.

Es la variante DRD4-7R y se halla en el 20 % de los humanos. Muchos estudios han descubierto que hace a sus portadores más proclives a aceptar riesgos, explorar nuevos lugares, ideas, comidas, relaciones, drogas o conductas sexuales, así como a apreciar el movimiento, los cambios y la aventura.

Algunas investigaciones van aún más allá y relacionan el 7R con las migraciones humanas. Una dirigida en 1999 por Chuansheng Chen, de la Universidad de California en Irvine (EE. UU.), descubrió que la presencia de la variante 7R era más frecuente en las modernas culturas migratorias (como la amerindia o la indoeuropea) que en las más asentadas (como la han, en China). Un estudio de 2011 confirmó esta tesis, al hallar que el 7R tiende a encontrarse con más frecuencia en poblaciones cuyos antepasados cubrieron distancias más largas en sus migraciones desde África.

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