El blog de la Mutualidad de la Abogacía

25 junio 2018

Agencias de calificación, ¿qué son y cómo influyen?

Moody’s, Fitch, Standard & Poor’s… Los mercados de capitales y los inversores tienen sus ojos puestos cada día en sus calificaciones. Pero ¿cómo se elaboran esos ratings? ¿Debemos confiar ciegamente en ellos?

El mismo día que Pedro Sánchez asumió la presidencia de España, la agencia Fitch aseguró que no espera “cambios en el corto plazo” en la política fiscal o económica y que, por tanto, el Ejecutivo tendrá un “impacto limitado” en la calificación crediticia del país. En la misma línea se pronunciaron la agencia Moddy’s a los pocos días y finalmente Fitch.

Lo que tengan que decir estas agencias importa y mucho, ya que sus valoraciones tienen una repercusión muy elevada en los mercados de capitales. De hecho, la pérdida del grado inversión de un país (o de una compañía privada) puede suponerle tener que financiarse mucho más caro en el mercado o, incluso, impedirle el acceso a esa financiación.

Así, las evaluaciones de estas tres agencias de calificación, las más importantes del mundo y pertenecientes a grupos estadounidenses, son utilizadas como una referencia a la hora de tomar decisiones de inversión. Pero ¿cómo elaboran sus ratings y cómo debemos “leer” sus conclusiones?

 

¿Qué son las agencias de calificación?

Son organizaciones privadas especializadas en evaluar el riesgo de crédito, tanto del sector público como de compañías privadas que se financian a través de los mercados de capitales.

Tras analizar enormes cantidades de datos y aplicar modelos de análisis propios, elaboran ratings donde califican la calidad y el riesgo de los emisores y sus emisiones, asignándoles letras y/o números en función de los niveles de riesgo. Estos son utilizados para conocer la calidad crediticia de un emisor o producto financiero de forma inmediata, a través de códigos alfabéticos.

 

Rating propio

Cada agencia tiene su escala, que representa desde la mejor calidad crediticia hasta el mayor riesgo de impago. En todo caso, hay una barrera que divide a los ratings en dos grandes grupos: grado de inversión y grado especulativo. Aquellos riesgos calificados por debajo de la barrera BBB- (Baa3 en el caso de Moody’s) se considera que tienen grado especulativo (baja solvencia y alto grado de impago).

Fuente: Rankia

Relación emisor/agencia

Ahora bien, ¿cómo se inicia todo este proceso? Son los propios emisores quienes contratan a las agencias de calificación. ¿Por qué? Para poder emitir acciones al mercado o descontar activos en bancos centrales en el caso de los bonos, es necesario contar al menos con una calificación concedida por las principales agencias.

Por otra parte, elaborar un modelo propio para determinar las probabilidades de insolvencia es un trabajo muy laborioso y exhaustivo, ya que incluyen múltiples variables y datos. Por esta razón, hacerlo de forma particular resulta una tarea muy farragosa.

Esta relación entre emisor y agencia se ha puesto en entredicho en algunas ocasiones e incluso hubo algunos intentos fallidos de crear agencias públicas de calificación.

 

¿Qué nos indican?

Las calificaciones son, en definitiva, una opinión sobre la calidad crediticia y la probabilidad de insolvencia de una empresa, organismo o país. No son una recomendación de compra o venta de un instrumento certificado ni una garantía de pago. De hecho, existen numerosos ejemplos de “errores” en estas. Quizás el más sonado es la quiebra de Lehman Brothers en 2008 a pesar de mantener un rating “A” de Standard & Poor ́s. Además, tampoco es inusual encontrar diferentes calificaciones para un mismo emisor.

 

Herramienta para los inversores

En definitiva, si somos inversores, los ratings de las agencias de calificación son una herramienta útil para conocer de forma rápida la capacidad de pago y el riesgo asociado a una inversión. Ahora bien, aunque sin duda facilitan muchísimo los análisis, debemos utilizarlos siempre como un complemento y no confiar a rajatabla en ellos.

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