El blog de la Mutualidad de la Abogacía

13 junio 2019

La gestión patrimonial en la jubilación

Por Dr. Fernando Ariza Rodríguez, Dr. Dr. José Miguel Rodríguez-Pardo

La dimensión e impacto crecientes que el envejecimiento tiene sobre la economía global y personal hace necesaria una propuesta financiera diferencial a las hasta ahora tradicionales formas de previsión y preparación para la jubilación.

La gestión financiera del patrimonio personal, una vez que se accede a la etapa vital de la jubilación, necesita de un análisis metodológico más holístico y diferencial al hasta ahora tradicional del ahorro para la jubilación. A continuación, identificamos los principales elementos de reflexión que justifican la oportunidad de crear una metodología financiera específica a tal efecto.

 

En gasto en la jubilación

La reciente Encuesta de longevidad y gestión del ahorro tras la jubilación del Instituto BBVA de Pensiones revelaba que más de la mitad de los ciudadanos que llegan a la jubilación no han conseguido ahorrar previamente para esa etapa vital y que gran parte de ellos no pueden hacer frente a gastos imprevistos con los ingresos que perciben. Además, de los que sí consiguen ahorrar, la mitad de ellos apenas supera los 300 € de renta adicional mensual.

Pese a lo contradictorio que puede parecer tras la lectura de estos datos, los ciudadanos se van sintiendo preocupados en poder mantener su nivel de vida una vez alcanzada la jubilación. Tanto es así que, según datos del Observatorio del Ahorro y la Inversión de Bestinver e IESE, el 88,5 % de las personas mayores de 55 años orienta su estrategia de inversión con esta finalidad, aunque la capacidad de ahorro a partir de esa edad no siempre resultará suficiente.

 

Inflación y rentabilidad en la jubilación

Dado que en España el 82 % del patrimonio de los jubilados es inmobiliario (datos CNMV), no resulta fácil que las personas mayores puedan hacer crecer su patrimonio y adaptar así sus ingresos al nivel de vida deseado.

Pudiera tener sólidos fundamentos la afirmación de que el patrimonio inmobiliario no es quizá el más adecuado para un jubilado cuyo horizonte vital se sitúa ya cerca del cuarto de siglo adicional una vez alcanzada la jubilación, resultando a priori el resto de instrumentos financieros mucho más convenientes, pues en el largo plazo facilitan cumplir lo que en finanzas se conoce como la regla del 72: tiempo que se tarda en duplicar el patrimonio a un determinado interés compuesto siendo este el resultado de dividir 72 entre la rentabilidad de las inversiones; si por ejemplo esta última fuera del 5 %, el capital se duplicaría en poco más de 14 años (72/5=14,4).

Respecto a la inflación, y en el entorno de una sociedad envejecida como la española, el efecto deflacionario en los precios al consumo es lo que puede mitigar el posible impacto negativo sobre la pensión si esta no estuviera plenamente indexada al IPC. Ahora bien, debemos analizar el impacto de si el IPC general, base para la revalorización de la pensión, fuera distinto al IPC del pensionista, más aun teniendo en cuenta que en la última década los hábitos de consumo de los jubilados cada vez presentan más diferencias respecto de la media nacional.

Bajo este prisma, y puesto que se estima que casi la mitad de los ingresos del jubilado español se destinan a gastos asociados a la vivienda, podemos entender la exposición del pensionista al peso que tiene en los componentes del IPC los gastos asociados al consumo de la luz o la calefacción, entre otros.

 

Políticas de gestión patrimonial

Ante la percepción subjetiva, pero cada vez más probable, de poder alcanzar los 100 años de vida, y puesto que recientes estudios, como el publicado en 2016 por la Universidad de Harvard, demuestran que la esperanza de vida aumenta con el nivel de renta, nos vemos obligados a reformular las políticas de gestión patrimonial en fase de jubilación y adecuada a este perfil de edad.

Sin embargo, a día de hoy el asesoramiento especializado y la planificación financiera no está aún al alcance de todos los jubilados o simplemente está por desarrollar en la industria financiera en sentido amplio: bancos, gestores de inversión y aseguradoras.

Desde la Autoridad de Conducta Financiera (FCA) de Reino Unido, este mismo año 2019 nos llegan iniciativas interesantes encaminadas a que los clientes que se acercan a la jubilación sean capaces de maximizar sus ingresos destinados a la jubilación y minimizar los riesgos asociados a esta etapa vital. Y es que entender los productos financieros en la tercera edad y especialmente a partir de la cuarta edad, requiere por parte de las instituciones públicas unas políticas específicas y una especial protección, más aún si se atendemos a los hábitos crecientes de compra por internet de productos financieros en el hogar, como así demuestra el estudio Economía del Envejecimiento de la Universidad de Salamanca de septiembre de 2015.

La necesidad de estas políticas de gestión patrimonial resulta especialmente apremiante en España, pues tan solo el 16 % de las inversiones en activos están destinadas o pensadas para cubrir las necesidades financieras en la jubilación, muy por debajo del 56 % del Reino Unido o del 33 % de Francia (datos Eurostat). Este dato por sí solo revela la extraordinaria vulnerabilidad en España del pensionista en su gestión patrimonial.

 

La vivienda

En España la vivienda en propiedad resulta el mayor activo para el 85 % de las familias. En sentido positivo la propiedad de la vivienda proporciona la seguridad y tranquilidad necesarias y que no garantiza el régimen de alquiler; por otro lado, esta resulta un patrimonio inmovilizado que evita disponer de una renta complementaria para la jubilación.

Pese a la elevada proporción de viviendas en propiedad de la población mayor, la antes citada encuesta del Instituto BBVA nos dice que la mitad de las personas mayores de 60 años estaría dispuesta a vender su residencia o alquilarla para obtener así ingresos complementarios.

Ante este panorama, se antoja necesario crear diferentes formas de hacer líquida la propiedad inmobiliaria en la jubilación. Hace unos años, la modalidad aseguradora de la hipoteca inversa resultó una vía a explotar por parte de la industria financiera para licuar el patrimonio inmobiliario de los mayores. Sin embargo, los elevados e inciertos riesgos que para aseguradoras y asegurados esta modalidad de seguro conlleva, hacen poco atractiva su comercialización a las entidades y a su contratación por parte de los ciudadanos. Y es que para que esta alternativa sea efectiva, es necesario avanzar en el manejo adecuado de los riesgos de longevidad, el de la valoración patrimonial de la vivienda y el riesgo reputacional para la entidad de adquirir la vivienda propiedad de su cliente. Sin embargo, modalidades alternativas e innovadoras a esta se empiezan a abrir camino con un futuro bastante prometedor.

 

Salud y gestión patrimonial

Los costes de salud asociados a la vejez son crecientes según avanza la edad. Además, dados los avances médicos y científicos esperados, este impacto se estima que irá en aumento, pues muy probablemente enfermedades como el cáncer pasarán de ser graves a crónicas, si bien las enfermedades neurodegenerativas muy probablemente irán tomando mayor protagonismo.

Bajo este escenario prospectivo, es probable que convivamos durante más tiempo con enfermedades crónicas y que el periodo que medie entre la gran enfermedad que lleve al fallecimiento será en consecuencia menor que ahora. Esta convivencia prolongada con enfermedades crónicas supondrá un irremediable aumento de los costes sanitarios, que de no poder ser soportados por el Estado, al menos tal como hasta ahora lo concebimos, será necesario que los ciudadanos, y especialmente la población mayor, destinen parte de su patrimonio a hacer frente a estos costes adicionales en salud, tal como ya sucede en países donde la sanidad es mayoritariamente privada.

Vinculado a la salud, un ejemplo evidente que por sí solo explica la necesidad de nuevas políticas de gestión patrimonial en la vejez es el caso de Japón, donde según datos estatales el 20 % de los activos líquidos están en manos de personas con demencia senil.

 

Conclusión

La gestión patrimonial de la etapa vital que se inicia con la jubilación necesita una propuesta financiera diferencial a la hasta ahora tradicional forma de previsión social, que se ha centrado casi en exclusiva en la preparación del ahorro para la jubilación.

Para todos los intervinientes de la sociedad se abre una nueva área de conocimiento financiero con los presupuestos previos de equidad, trasparencia y suficiencia del asesoramiento de la gestión financiera que acompaña al envejecimiento.

Desde la Escuela de Pensamiento, cuya temática principal es la cultura y la economía para el envejecimiento, queremos aportar con este artículo una primera aproximación a un problema aún no abordado en toda su dimensión, adquiriendo el compromiso de trabajarlo con mayor profundidad en el futuro y bajo el marco y metodología que determine su Consejo Científico.

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