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Jenga
1 septiembre 2016

Represión financiera

Por Jesús Sánchez-Quiñones González
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Si la inversión en renta fija se realiza a través de vehículos como los fondos de inversión, las pérdidas pueden llegar a ser cuantiosas

La actual situación de tipos de interés cero, o incluso negativos, penaliza a los ahorradores e inversores más conservadores. Supone una penalización al ahorro deseada por los Bancos Centrales. La expectativa de rentabilidad sobre la mayoría de las inversiones es cada vez menor y hace necesario asumir más y más riesgo para lograr una mínima rentabilidad.

La actuación del Banco Central Europeo (BCE) está provocando una distorsión de los tipos de interés y, por tanto, de la valoración de los distintos activos de renta fija. Al situar el tipo de interés que aplica a las cantidades depositadas por los bancos en el BCE en una tasa negativa del 0,4 %, imposibilita que las entidades financieras puedan remunerar los depósitos, habiendo incluso comenzado a cobrar por los mismos a empresas e instituciones a partir de determinadas cantidades.

La política de compra sistemática de bonos soberanos por parte del BCE ha hundido las rentabilidades de este tipo de bonos. La adquisición de en torno a 60.000 millones de euros mensuales en bonos soberanos desde marzo de 2015 ha ocasionado que la rentabilidad de dichos bonos hasta plazos de quince años sea negativa en Alemania. En el caso de Francia, Finlandia, Austria, Bélgica y Holanda, los tipos negativos alcanzan a los bonos con vencimiento a ocho años. En los bonos del Tesoro español es necesario irse hasta un  vencimiento de diez años para encontrar rentabilidades de al menos un 1 %, antes de comisiones y gastos. Los refugios tradicionales de los ahorradores e inversores más conservadores, los depósitos y los bonos soberanos, han dejado de ser una alternativa.

En marzo de este año el BCE dio una vuelta de tuerca más a su política intervencionista con el anuncio de la compra de bonos de empresas a partir de junio, siempre que tengan una calificación crediticia (rating) de grado de inversión. El mero efecto anuncio ha derrumbado la rentabilidad de estos bonos. Sabiendo que el BCE puede adquirir este tipo de bonos a un precio equivalente a un interés negativo del -0,4 %, los precios de estos bonos se han disparado y sus rentabilidades se han hundido. Más del 25 % de los bonos corporativos con grado de inversión ya tienen rentabilidades negativas. La renta fija corporativa de mayor calidad también ha dejado de ofrecer rentabilidades mínimamente atractivas, no porque las empresas hayan mejorado sustancialmente sus balances, sino por el efecto de las compras del BCE sobre los precios de este tipo de activos.

Ante la ausencia de rentabilidad en los bonos soberanos y la renta fija corporativa con grado de inversión, son numerosos los inversores institucionales que se ven forzados a buscar otro tipo de activos que les puedan aportar algo más de rentabilidad. Inevitablemente han de asumir un mayor riesgo. Existe un problema de tamaño de cada uno de los mercados de renta fija. Mientras que el volumen del mercado de bonos soberanos en la eurozona supera los 4,5 millardos de euros, el mercado de bonos corporativos con grado de inversión es apenas un cuarto de aquella cifra. A su vez, el mercado de bonos corporativos sin grado de inversión apenas representa el 10 % del mercado de bonos soberanos. A menor volumen del mercado, mayor variación en los precios con mínimos aumentos de la oferta o la demanda.

Conviene recordar que la inversión en renta fija puede provocar pérdidas. Si se adquieren bonos directamente, la valoración de mercado de los mismos fluctuará, pero su titular recibirá el nominal de los bonos a vencimiento siempre que la empresa no impague.

Si la inversión en renta fija se realiza a través de vehículos como los fondos de inversión, las pérdidas pueden llegar a ser cuantiosas. Los fondos han de valorar todos los activos mantenidos en cartera a precios de mercado día a día. Debido a la menor liquidez de los mercados de renta fija, las oscilaciones son amplias. Las caídas en la valoración de algunos bonos corporativos han llegado a superar el 10 % en una semana durante las turbulencias del primer trimestre de este año. Si estas caídas en la valoración ocasionan desinversiones de partícipes, el gestor se ve obligado a vender bonos de la cartera, consolidándose la pérdida.

Ante esta coyuntura no son pocos los que miran hacia la renta variable como única alternativa de rentabilidad, más todavía con rentabilidades por dividendo superiores al 4 % en más de una decena de valores.

La pregunta que deben hacerse es si serán capaces de soportar caídas como las vividas en los tres primeros meses del año. La represión financiera aplicada por el BCE implica que no existe rentabilidad sin riesgo. Y los riesgos existen, aunque no estén actualmente reflejados en los precios.

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