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1 abril 2016

Tipos cero por una generación

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Por Alberto Espelosín
Gestor de Abante Pangea. Abante Asesores

Confiar en el ahorro propio es la mejor medicina, no vaya a ser que los Estados no sean capaces de mantener el Estado del bienestar

El origen del ciclo económico en el que nos encontramos no es otro que cómo hacer que convivan en un mundo globalizado distintos sistemas de salarios. La globalización de los costes laborales unitarios posibilitó que la deflación que exportaban los emergentes hiciera que los tipos de interés se fueran reduciendo en el mundo occidental a la vez que seguíamos inmersos en el mantenimiento de un “Estado del bienestar” difícil de mantener sino es con una importante acumulación de deuda. El incremento de la deuda desde el año 2000 hasta la quiebra de los sistemas financieros en 2007 se zanjó con un stock de deuda en el mundo de 142 trillones de dólares desde los 87 que teníamos en el año 2000. Ahora el mundo navega en una nube de deuda que ya acumula 200 trillones de dólares que probablemente no seamos capaces de pagar. Esta es una de las razones por las que será complicado que los tipos suban en al menos una década, a no ser que algún país de los que tiene “fiat currency” haga default o se disuelva parcialmente el euro.

Una vez situados los tipos al 0 %, los bancos centrales iniciaron las políticas no convencionales de expandir balance. Sin embargo, su gran eficacia inicial, en cuanto a salvar el ahorro depositado en los mismos, ha disminuido de manera notable, ya que la expansión monetaria no se ha traducido en mayor circulación del dinero y crecimiento de inversión. Ahora, lejos de pararnos a reflexionar sobre la eficacia de estas medidas, que lo único que provocan a esta altura del ciclo es una distorsión social de la asignación del dinero y un recrudecimiento de la guerra de divisas, nos adentramos en una nueva frontera que viene definida por “tipos de interés negativos”, por lo que si usted es ahorrador, olvídese de obtener rentabilidad sin riesgo.

A pesar de haber expandido la masa monetaria de manera exponencial y haber generado la mayor burbuja de la historia financiera en la renta fija, parece ser que los bancos centrales no tienen miedo de adentrarse en este nuevo experimento que no va a sacarnos de la espiral deflacionista en la que estamos inmersos. Ahora, gran parte de la deflación se basa en el fuerte ajuste de las divisas que tienen que hacer aquellos países emergentes que no tienen “máquinas de imprimir billetes”, lo que provoca que el arbitraje global de costes laborales siga más vivo que nunca, lo que hace también tarea imposible ver una subida de tipos en el mundo occidental.

La deflación provocada por internet junto con un envejecimiento poblacional, que realmente es el gran problema socioeconómico de los próximos diez años, son razones suficientes para pensar que los tipos de interés continuarán bajos por un periodo de tiempo muy largo. Aunque los bancos centrales se empeñen en que gran parte del ahorro acumulado por las familias y empresas durante estos años se traslade a deuda y consumo, no va a ocurrir por la necesidad de ahorrar para la jubilación.

Con un escenario de inflación cero, obtener retornos del 2 % va a tener el mismo valor que cuando se exigían rendimientos seguros del 5 %. Pero para la obtención de esa cifra, la bolsa se queda quizás como la alternativa más real, o mejor dicho invertir en compañías que generen un free cash-flow por encima de la media que permita pagar un dividendo estable. La deuda acumulada, un menor crecimiento de la población trabajadora y una sustitución del hombre por la tecnología dibujan un panorama en el que el ahorro se convierte en la piedra angular para evitar que esa alegría de vivir muchos más años no se convierta en un calvario difícil de digerir. Las grandes multinacionales sujetas a las dinámicas globales de crecimiento siguen siendo las grandes beneficiadas en este entorno incierto al que nos enfrentamos los próximos años.

Programas de expansión fiscal y quién sabe si un experimento de expansión monetaria dirigido a la sociedad vía financiación de proyectos de infraestructuras son las nuevas fronteras que los gobiernos deben explorar, ya que la munición tradicional está más que agotada. Los ajustes que el factor trabajo ha tenido que hacer durante los últimos años para vivir en un mundo global han generado una descompensación muy importante entre rentas de capital y de trabajo en beneficio de las primeras. Esto está configurando un mapa geopolítico muy distinto en el que quizás se pueden estar dibujando soluciones ilusorias para encubrir el problema real de la amenaza del factor trabajo en un mundo globalizado. No tengan duda de que empezar desde hoy a confiar en el ahorro propio es la mejor medicina, no vaya a ser que los Estados no sean capaces de mantener el Estado del bienestar.

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