El blog de la Mutualidad de la Abogacía

Educación financiera
10 diciembre 2018

La cultura financiera, una asignatura pendiente

Por Álvaro G. Zarzalejos
Periodista

En España, la mitad de la población no sabe definir términos como inflación, tipo de interés compuesto o diversificación del riesgo. La conclusión no es mía, sino de un reciente estudio sobre competencias financieras elaborado por el Banco de España que pone de relieve que la cultura financiera es todavía
una asignatura pendiente en nuestro país.

Desde hace años, la crisis económica y sus consecuencias se han hecho un hueco en los medios de comunicación. Cuestiones como el déficit, el rescate bancario o el futuro de las pensiones trufan páginas de periódicos y llenan horas de emisiones en radios y televisiones.

El quid de la cuestión radica en si los medios somos capaces de trasladar a la audiencia la relevancia de estas cuestiones, máxime cuando tienen un impacto diario en sus bolsillos. La realidad es poliédrica, está llena de aristas y, en el caso de la económica, es especialmente compleja.

De ahí que los periodistas, principales intermediarios entre la información y la ciudadanía, debamos ser capaces de hilar fino, de desbrozar los datos y de centrar el tiro para, sin caer en análisis superficiales, explicar asuntos complejos de forma sencilla sin perder un ápice de rigor.

Ya lo dice la conocida frase: una sociedad bien informada es una sociedad más fuerte. Este es un axioma difícil de discutir en el que los periodistas jugamos un papel esencial en calidad de informadores, un título que bruñir cada día en estos tiempos de fake news y píos que a veces suenan a rebuznos.

Y es que a tenor de un estudio de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), el problema de las noticias falsas no es un asunto menor. Según el citado centro, el 86 % de los españoles tiene problemas para distinguir noticias falsas de las verdaderas.

Esta conclusión es el fruto de una investigación en la que se presentaron a 2.000 personas diferentes noticias y se les preguntó por su veracidad. En un principio, el 60 % de los participantes pensó que podría diferenciarlas fácilmente. Al final la prueba fue superada por apenas un 14 %. Además, la mitad de los encuestados admitió haber difundido fake news.

No obstante, esto no significa que la solución pase por dar la espalda a la tecnología y las redes sociales. Al revés, ambas son poderosas aliadas con las que explorar nuevas narrativas, ensanchar nuestra base de lectores y ayudarles a desenmarañar el siempre complejo mundo económico y financiero.

Y es que hasta ahora los periodistas nunca habíamos tenido tantas herramientas para contar cómo elegir un plan de pensiones o explicar la última sentencia de las cláusulas suelo o los motivos por los que se disparan los alquileres.

Dicho esto, ahora solo queda dar con la tecla adecuada. ¿Sería posible explicar la evolución del paro a través de Instagram? ¿Una emisión en directo en Facebook para analizar la cotización del IBEX 35? Quién sabe, quizá lo logremos en dos tardes.

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