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Horizonte
1 febrero 2016

El 2016 económico

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Por Pedro del Pozo Vallejo
Departamento de Inversiones de la Mutualidad de la Abogacía

Con el comienzo de año, son muchas las incertidumbres que surgen en el horizonte económico. Nadie dijo que fuera fácil, pero lo cierto es que este 2016 parece incluso más nebuloso que los últimos ejercicios vividos, lo que ya es decir.

Atrás queda ya un 2015 cuyo comienzo y fin han respondido a dos realidades no ya diferentes, sino abiertamente opuestas: si el optimismo fue la nota predominante en los primeros meses, las turbulencias del verano, asociadas en general a las caídas de cotización de las materias primas las dudas con el crecimiento en China, y la inseguridad con respecto a la evolución de los tipos de interés en Norteamérica marcaron una segunda parte del año volátil y con tintes marcadamente negativos. Y eso sin contar con las elecciones generales en España.

Una vez más, los Bancos Centrales

Con independencia de los movimientos de los mercados, siempre sensibles a la última hora política y financiera, las guías clave en el presente 2016 son básicamente las mismas que las que hemos estado comentando desde el comienzo de la crisis económica, en el ya lejano 2008, y comenzando, está claro, por la actuación de los Bancos Centrales.

La decisión de la Reserva Federal (FED) de Estados Unidos de subir el pasado mes de diciembre un 0,25 % los tipos de interés supone un punto de inflexión con respecto a las políticas llevadas a cabo en los últimos nueve años —que se dice pronto— por la autoridad monetaria norteamericana. En conjunto, muchos analistas han identificado este movimiento al alza del precio del dinero con el pistoletazo de salida de la normalización económica, esto es, con un proceso paulatino de mejora en el crecimiento que, a través del incremento de costes salariales, termine generando inflación y tipos de interés más elevados. En suma, con el inicio de un mundo económico más ordenado, menos intervenido y más parecido a lo que nos enseñaron nuestros mayores en la facultad de Economía.

Por el contrario, las previsiones para 2016 del homólogo europeo de la FED, es decir, del Banco Central Europeo (BCE), mantienen aún la “anormalidad” como tónica principal, e incluso diríamos esencial, de su política monetaria. En efecto, según comunicó la pasada primavera su presidente, Mario Draghi, el objetivo del BCE es mantener la expansión monetaria hasta por lo menos septiembre del presente año, con la posibilidad de ampliarse en plazo y volumen si las circunstancias lo requirieran.

Parece evidente que, a pesar de que la macroeconomía europea sigue avanzando, el momento del ciclo en Europa se encuentra mucho más retrasado que en los Estados Unidos: mientras Norteamérica comienza a subir tipos, nosotros aún nos movemos en las inyecciones de liquidez, por otra parte tan necesarias para mantener contenidos los costes de financiación de países y empresas.

Como hemos comentado en numerosas ocasiones, una política monetaria expansiva supone un excelente analgésico para mantener estable una economía con problemas de deuda. Pero este periodo de convalecencia controlada debe ir de la mano de la administración de un antibiótico, en este caso la implementación de reformas estructurales que mejoren la competitividad de la economía y reduzcan los niveles de déficit. En ese sentido, aún es mucho lo que Europa en su conjunto debe hacer para mantener la senda de la estabilidad.

Debe quedar claro, tanto por lo que respecta a EE.UU. como a la Unión Europea, que el objetivo a medio plazo es el menor intervencionismo de las autoridades monetarias en la economía. No obstante, esta separación debe darse de manera muy controlada y, por lo demás, absolutamente predictible. Un “mal paso” en los tiempos de retirada de estímulos o subidas precipitadas de los tipos de interés pueden añadir volatilidad a los mercados, que deben ajustar sus valoraciones a sus previsiones. Por el contario, un exceso de liquidez injustificado o una evolución lenta del ciclo de subidas pueden incrementar la desconfianza de estos mismos agentes en la mejora del ciclo, por no hablar de la posibilidad de creación de burbujas inflacionistas en el precio de los activos. Por ello la atención a cada reunión de la Reserva Federal y del BCE seguirá siendo máxima en todo el ámbito económico e inversor.

Una política monetaria expansiva supone un excelente analgésico para mantener estable una economía con problemas de deuda

La macroeconomía

Resulta cuando menos chocante que, en un artículo eminentemente económico, pongamos por delante la actuación de los Bancos Centrales como principal referente del ámbito financiero para 2016 frente a los datos “macro” puros y duros. Ello muestra en buena medida lo intervenidos que se encuentran los mercados actuales. Pero no cabe duda de que la macroeconomía sigue siendo la piedra angular del ciclo y, en ese sentido, las previsiones son razonablemente optimistas para el nuevo año.

Que EE.UU. suba tipos, como comentábamos en el epígrafe anterior, supone la mejor prueba de que la primera economía mundial, esto es, la locomotora que tira del ciclo global, está mejorando. El desempleo se encuentra en mínimos históricos y aunque el crecimiento se mantiene moderado, fruto de los elevados niveles de endeudamiento, parece poco probable que en el horizonte que podemos contemplar pueda sufrir contracciones serias que vuelvan a poner a la economía americana en la senda de la recesión.

En Europa las perspectivas, aunque positivas tanto en crecimiento como en empleo, siguen mostrando diferencias importantes entre países. En este caso, no solo debemos valorar unas mejores expectativas, sino un panorama decididamente más luminoso que el vivido en tiempos cercanos. Recordemos que hace menos de un año estaba en entredicho la permanencia de Grecia en la moneda única. Y hace solo tres años, la existencia del propio euro. En ese sentido, como podemos comprobar, cualquier tiempo pasado no fue mejor.

Por su parte, las economías emergentes presentan disparidades notables no ya entre zonas geográficas, sino especialmente, como comentábamos más arriba, entre países productores o consumidores de energía. En el primero de estos grupos, cuyos principales componentes serían Rusia, Brasil o las monarquías del Golfo, las inferencias no son halagüeñas: el débil crecimiento mundial no presiona al alza el precio de las materias primas, y ello contribuye poco a mejorar sus balances comerciales.

En el segundo, las apariencias son algo mejores, especialmente en países como la India o Corea del Sur. Caso especial es China, que se encuentra inmersa en un profundo cambio interno desde una economía eminentemente exportadora de manufacturas hacia una estructura más dependiente del consumo interno, al modelo occidental. Por ello, la sensibilidad a las turbulencias en los tipos de cambio le afecta de manera muy especial. No debemos olvidar que China supone actualmente más del 15 % del PIB mundial. En ese sentido, su evolución a corto plazo resulta no solo importante, sino básicamente determinante para concluir si 2016 será un buen o mal año de mercado.

Hay que tener en cuenta que el petróleo va a ser la clave del movimiento de los mercados, al menos en el comienzo de 2016. Los efectos claramente positivos sobre las economías avanzadas de un crudo bajo quedan en buena medida amortiguados por el posible impacto sobre el crédito que unos balances no saneados de las empresas ligadas a energía pueden transmitir al sistema. En ese sentido se puede decir que interesa un precio barril barato…, pero no tanto.

La inestabilidad política puede empujar a nuestra prima de riesgo al alza y, con ello, a ponernos de nuevo en situación incómoda para acceder a la financiación de nuestros gastos

Y España…

Mientras tanto, en España, el ciclo económico, sin duda favorable y en buena medida más positivo que la media de los países europeos, muestra una cierta inercia que permite, en conjunto, establecer una visión favorable para el año
en curso.

No obstante, las bases de nuestra economía siguen siendo muy frágiles: el desempleo se mantiene alto y supone un elevado costo para el país y una ausencia de ingresos fiscales notable, que solo el crecimiento y el mayor empleo pueden corregir. Y, por encima de todo, está la deuda: con un endeudamiento público de 100 % sobre el PIB, la capacidad de maniobra en políticas de gasto expansivas es literalmente cero. Más bien al contrario, el compromiso con nuestros socios europeos, de quien en última instancia podría depender nuestra financiación, es reducir el déficit por debajo del 3 % a finales del año en curso. Ello requiere determinación política clara.

Mantener la estabilidad de nuestra deuda es posible, siempre que el déficit se mantenga contenido, los costes de financiación no suban (la famosa prima de riesgo) y el crecimiento sea, al menos, razonable. Si además apareciera algo de inflación, sería de gran ayuda, aunque con el precio tan bajo de las materias primas comentado en el anterior apartado y el elevado desempleo, que no empuja los salarios al alza, parece poco probable asistir a subidas importantes de precios. En todo caso, la situación es compleja y necesita de atención, control y estabilidad…, algo que en el momento de escribir estas líneas está por determinar.

El resultado de las elecciones del pasado 20 de diciembre establece un marco de inestabilidad importante, cuya superación necesita de la colaboración de grupos políticos, hasta ahora impermeables a casi todo tipo de comunicación mutua. A pesar de la ausencia de una mayoría clara, existen opciones para el entendimiento en temas clave que afectan a nuestra política económica. Es necesario que estos acuerdos lleguen y sean claramente transmitidos a los mercados y a nuestros socios europeos, en particular al BCE garante último de nuestra deuda por la vía de la compra directa de bonos públicos. De lo contrario, la inestabilidad puede empujar a nuestra prima de riesgo al alza y, con ello, a ponernos de nuevo en situación incómoda para acceder a la financiación de nuestros gastos.

Por ello, cualquier gobierno que se conforme debe prestar especial atención a la estabilidad presupuestaria. Con las reformas emprendidas y el clima económico favorable, el empleo debería mantener una senda favorable. Si es así, y en condiciones normales, 2016 no solo no tiene por qué ser un mal año, sino que, por el contrario, puede marcar el inicio de un periodo más próspero para particulares y empresas que los ejercicios anteriores.

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