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6 abril 2020

Tras los mercados, llega la economía real

Por Pedro del Pozo Vallejo
Director de Inversiones Mobiliarias en Mutualidad Abogacía
Comentario financiero: 06/04/2020

Resulta extraordinariamente complicado determinar con exactitud qué está interpretando el mercado financiero, en términos de economía real, más allá de actuar como un clásico indicador adelantado de tendencia dotado, por cierto, de un carácter ciclotímico que no se debe obviar.

Es evidente que las inferencias macroeconómicas que podemos sacar de la debacle bursátil y del notable incremento de los spreads de crédito, aun asumiendo las distorsiones que provocan las masivas órdenes de venta automáticas, no son positivas. En ese sentido, el futuro inmediato, más que incierto, se presenta complicado para todos.

No obstante, dentro de este panorama en absoluto reconfortante, sí empezamos a atisbar ciertos signos de incipiente normalización. Fundamentalmente, estas señales proceden del mercado privado de renta fija: Si bien los diferenciales de crédito se mantienen altos, sí estamos asistiendo en los últimos días a una auténtica pléyade de emisiones primarias de multitud de empresas. Con carácter general, se trata de emisores de calidad, es decir con rating “grado de inversión”. En otras palabras, títulos que podría adquirir, en su caso, el organismo monetario de turno, llámese BCE o Reserva Federal. Las rentabilidades que se están pagando, obviamente, son mucho más elevadas que las que podrían haber conseguido estos mismos emisores hace un par de meses. Pero la noticia está ahí: salen al mercado. Y con notable éxito de colocación, por cierto.

A ello hay que sumar los datos en China, claramente esperanzadores. De hecho, si nos atenemos a los últimos indicadores adelantados de oferta (PMI´s) en el país asiático (una guía en la medida que marca el comienzo de la actual emergencia), la recuperación tendría forma de “V”. En otras palabras, la economía volvería de manera rápida a la situación inicial.

Resulta muy aventurado realizar un pronóstico acerca de si veremos esta rápida recuperación de la actividad en occidente o si, por el contrario, la recesión será tan dura que la puesta en marcha demorará en el tiempo. Incluso se aventura, en algunos ámbitos, una recesión aún más profunda que la de 2008-2012. Teniendo en cuenta las medidas monetarias tomadas y el previsible efecto positivo de las medidas fiscales, singularmente en EE.UU., la diferencia entre una “V”, una “U” o una “L” como modelo de recuperación va a consistir en el tiempo que nos mantengamos en la presente situación de parada, tanto por lo que se refiere a la oferta como a la demanda. En ese sentido, nada puede haber más alentador que la mejora de los datos de evolución de la pandemia.

Quedan por delante las publicaciones de unas baterías de datos macroeconómicos, realmente terroríficos. Algunos de ellos, como el empleo, apenas si los empezamos a entrever. Muchos de ellos serán indicadores atrasados, es decir, marcarán hasta dónde ha llegado la amplitud de la actual crisis que, con independencia de cómo sea la figura de recuperación, todos recordaremos, por sus causas y efectos, como histórica. No obstante, en la medida que los plazos pueden verse acortados en la lucha contra la enfermedad, en la medida que la victoria sea no solo segura sino razonablemente rápida, los dividendos de la paz deberían llegar también en un plazo no excesivo. Y, de producirse eso, el mercado, con su extrema sensibilidad, también lo debería adelantar.

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