El blog de la Mutualidad de la Abogacía

8 julio 2019

Los mercados financieros son ese enfermo que no quiere curarse.

Por Pedro del Pozo Vallejo
Director de Inversiones Mobiliarias en Mutualidad Abogacía
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Comentario financiero:08/07/2019

Podría parecer un contrasentido, pero la realidad es que esta situación ya le hemos vivido muchas veces desde el comienzo de las políticas monetarias ultra laxas, por parte de la práctica totalidad de los Bancos Centrales mundiales:

Contrariamente a lo que nos enseñaron nuestros mayores, a día de hoy, los anuncios de mejores datos de los esperados en el ámbito del crecimiento y el empleo, provocan movimientos adversos del mercado de renta variable, en el entendido de que ello propiciará algo más de inflación de la inicialmente descontada y, por lo tanto, puede originar que los organismos monetarios dejen de aplicar políticas monetarias expansivas, o bien reduzcan su intensidad. En otras palabras, estamos ante el enfermo que va al médico con la esperanza de que no le diga que mejora, porque eso significaría dejar de tomar las medicinas a las que se ha habituado, en nuestro caso, los tipos de interés extraordinariamente bajos o negativos.

En este caso, lo que ha propiciado el recelo de los agentes económicos han sido unos datos de empleo en EE.UU. que siguen constatando la fortaleza de esta economía. Con datos de este tipo y en ausencia de shocks exógenos que lo recomendaran (shocks que en los últimos tiempos han tenido mucho de geopolítica, con la guerra comercial como principal argumento), se hace muy difícil pensar que la Reserva Federal estadounidense pueda bajar más los tipos de interés, cosa que el mercado empezó a descontar con cierta fuerza en junio, en el momento de mayor tensión arancelaria entre China y Norteamérica. En ese sentido, la toma de conciencia de los inversores de que el mercado podría reaccionar con un cierto repunte de las rentabilidades de la renta fija, debido a una inflación que conviene no dejar cabalgar, puede tener un efecto de salida sobre la renta variable, cuyo nivel de cotización se haya en zona de máximos para Estados Unidos y, si no cara, sí al menos en precio en Europa, a pesar de que este mayor crecimiento significa, en esencia, mejores oportunidades para las empresas, en términos de venta y, probablemente, beneficios. Es decir, preferimos la medicina a la salud.

Por todo ello, en estos días y a la espera de más visibilidad en sus políticas por parte de la Reserva federal, vivimos días de recelo. Es evidente que los tipos de interés van a seguir bajos durante mucho tiempo, pero bajos puede ser un Euribor al 0,2% positivo, por ejemplo, y no el -0,2% en el que se mueve actualmente. La diferencia entre una situación y otra es vital a la hora de resetear las valoraciones de los activos. Y, sobre todo y de manera especial, de poner en precio los miedos de los inversores.

Sí conviene destacar, en un tono positivo,  que, en estos días tan cambiantes, el resultado de las elecciones en Grecia, con una vuelta al poder de los conservadores, tras un paso de Tsipras que finalmente no se ha traducido en ninguna ruptura traumática (como parecía que iba a suceder al comienzo de su mandato), y el rally de la deuda italiana, que infiere a descartar de momento un escenario de tensión con Europa, nos hablan de que las cosas también pueden cambiar para mejor y, en último término, que Europa tiene más fuerza de la que se le supone. Algo que, por cierto, podremos comprobar el próximo otoño, en relación al asunto del Brexit.

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