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17 mayo 2017

Escasas referencias semanales en los mercados de renta fija y variable (17/05/2017)

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Escasas referencias semanales en los mercados de renta fija y variable. Los mercados de activos parecen tomarse un nuevo respiro, una vez superada la barrera, por otra parte importantísima, de las elecciones francesas. En términos generales, los volúmenes de contratación se moderan a la espera de catalizadores positivos o, más concretamente, nuevas señales de acción (o inacción) por parte de las autoridades monetarias.

Conviene decir que, como venimos comentando, el entorno macroeconómico y empresarial, con su ciclo crecimiento-beneficios sigue mostrando un tono más que positivo: las revisiones de actividad económica están siendo al alza en prácticamente todos los países desarrollados, y los resultados empresariales infiere signos de fortaleza. Ello hace pensar en una cierta fase de tranquilidad, no por deseada menos inquietante.

Y es que en el fondo del horizonte se ciernen las nubes de la normalización monetaria. Parece increíble que un mundo económico más ordenado pueda representar una mala noticia para los mercados de activos. Pero la liquidez semigratis de los últimos años, unida a los tipos de interés ultrabajos han tenido como efecto impulsar las cotizaciones de bonos y bolsa de una manera, cuando menos, muy relevante. Ahora, en un trance que comienza a cambiar, a la luz de los nuevos datos de inflación, la pregunta es: ¿hacia dónde irá la renta fija y la variable?

Y es que con los últimos datos de crecimiento de precios conocidos, tanto en EEUU como en Europa, parece claro que los actuales tipos de interés nominales no pueden sino subir. Antes de que ello ocurra, con buena probabilidad, veremos las curvas de deuda tomar pendiente y desplazarse en valor absoluto hacia niveles de rentabilidad por encima de los (aún muy bajos) actuales. Y ello debería tener un efecto en segunda instancia flight to quality, es decir, venta de acciones para volver al mercado de bonos, cuyo intensidad queda no obstante muy indeterminada por la elevada liquidez del sistema y, no lo olvidemos, el alto grado de endeudamiento de los países desarrollados.

Por todo ello, prudencia dentro de un marco general sin duda más positivo, especialmente por lo que se refiere al ciclo del trabajo (más indexado a inflación que a beneficios) y con unos mercados que, aún complicados, sin duda han vivido días (y expectativas) peores.

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