El blog de la Mutualidad de la Abogacía

Dos hombres jugando al ajedrez
11 septiembre 2019

Quiero ser un viejo feliz

Por Amancio Fernández
Director de diarioabierto.es.
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Búsquense formas de no expulsar de la vida normal a quienes simplemente se distinguen por haber cumplido años.

Uno de cada cinco españoles tiene en la actualidad más de 65 años. Y en apenas 15 años más el porcentaje será uno de cada cuatro. No se puede ni se debe ignorar esta realidad, ni por quienes estamos o estarán en esa mal llamada tercera, o cuarta, edad ni por la sociedad. Unos y otra han de buscar las mejores alternativas para que los que vivan esa etapa de su vida lo hagan de forma plena y para la propia sociedad, que no debe desperdiciar ni su talento ni su experiencia y que además debe procurarles una vida digna y plena.

Y en esa realidad cada cual ha de ser consciente de que una creciente parte de su vida será en ese tramo mal llamado de la tercera, o ya cuarta, edad.

La medicina, la ciencia, la tecnología y los avances de todo tipo aseguran cada vez más longevidad, mejor vivida y no siempre con los recursos, de todo tipo, suficientes y necesarios, entre ellos una renta digna.

Solo algunos datos a modo de recordatorio. En apenas 15 años, de los en torno a 50 millones de habitantes que tendrá España en el año 2033, 12,5 millones superarán los 65 años. Ese año la esperanza de vida de los hombres será de 82,9 años, 2,5 más que ahora, y para las mujeres, de 87,7 años, casi 2 más. Y si miramos las proyecciones para el 2099, el 34,6 % de los españoles tendrán más de 65 años. Y de ellos el 12 % vivirán solos.

Estos datos deben llevar a una reflexión profunda, serena y multidisciplinar, como ya lo está haciendo oportunamente la Mutualidad de la Abogacía a través de la Escuela de Pensamiento.

Buscar fórmulas y soluciones en medicina —¿por qué hay pediatras (necesarios), pero tan pocos geriatras?—, ocio, dependencia, universidad para mayores —filosofía, historia, arte…—, estudios no necesariamente con enfoque  laboral. Hay que indagar más en ocio, movilidad, nutrición, residencias con fórmulas más compatibles entre los mejores servicios comunes y la vida más privada y familiar. O buscar formas de aprovechar la experiencia y los conocimientos de quienes no quieren verse en la inacción obligada.

¿Y por qué no mejorar la actual fórmula de compatibilizar la pensión y la jubilación con la actividad laboral? ¿Por qué no pulir la actual legislación sobre jubilación activa, que supone un avance considerable pero que debe mejorar los requisitos —fiscales también— para quien quiera de forma voluntaria seguir son su empresa, despacho o actividad laboral más allá de la jubilación?

Búsquense además formas de no expulsar de la vida normal a quienes simplemente se distinguen por haber cumplido años. Procúrese asimismo rescatar aquellos antiguos modos y costumbres en los que se respetaba, veneraba y consultaba de manera habitual y respetuosa a las personas mayores. Sin gerontocracias también trasnochadas, pero con soluciones que toda la sociedad debe buscar para una parte cada vez mayor de sus gentes.

Y en todo caso, déjennos a los mayores vivir en plenitud: será beneficioso para todos. Yo, desde la libertad y el respeto, lo pido para mí y para los que con más años nos sentimos jóvenes. 

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