El blog de la Mutualidad de la Abogacía

Despacho
6 julio 2020

INTELIGENCIA ARTIFICIAL: Luces y sobras para el sector legal

Por Mª Jesús González Espejo
Socia directora del Instituto de Innovación Legal y de EmprendeLaw. Coeditora del libro Guide to Artifcial Intelligence for Legal Professionals.

El potencial de este tipo de tecnologías es inmenso y, aunque su futuro está en parte por definir, ya puede vislumbrarse su impacto en el Derecho y en las profesiones jurídicas. Como juristas debemos prepararnos en todas las esferas de nuestras vidas: como ciudadanos, como clientes y como profesionales del sector legal.

El término inteligencia artificial (IA) se atribuye a los sistemas de software capaces de realizar tareas desempeñadas por el ser humano, como distinguir objetos visualmente o adoptar decisiones. Así, bajo estas siglas se encuadran tecnologías de diferente naturaleza, como machine learning, deep learning, reinforcement learning, redes neuronales, data analytics o data mining, pero también los drones, los robots industriales o las prótesis robotizadas.

No se trata de una disciplina tan joven como quizás pensamos, pues su nacimiento se remonta a la década de 1950. Sin embargo, el apasionante avance tecnológico de la IA de los últimos años, su gran impacto social y económico, se ha producido gracias a los desarrollos del hardware y al aumento exponencial de la capacidad de las computadoras para tratar ingentes cantidades de datos.

El potencial de este tipo de tecnologías es inmenso y, aunque aún no estemos seguros de las  capacidades que la IA alcanzará en el futuro, sabemos que su impacto en las profesiones jurídicas es muy relevante. Por ello, en lugar de perderse en la jungla de los riesgos y peligros, creemos necesario invertir en su comprensión, que se extiende a todas las esferas de nuestras vidas, privada y profesional, y a todos sus ámbitos: económico, social, de salud, de ocio…

Como ciudadanos y clientes

La IA está en nuestras vidas, unas veces de forma evidente y otras no tanto. En esta tecnología se  apoyan las plataformas de comercio electrónico para hacernos recomendaciones de compra; bancos y aseguradoras para adoptar decisiones relevantes para en cada momento para prestar su servicio. Ya hay en el mercado herramientas basadas en IA que nos pueden ayudar a ser más eficientes e, incluso, llegar a reemplazarnos. Ejemplos concretos de este tipo de herramientas son las que realizan análisis masivo de documentos, por ejemplo contratos o sentencias, y extraen patrones, informaciones, conocimiento. También las soluciones que permiten conocer la probabilidad de que un juez concreto dicte sentencia en un sentido u otro, a través del análisis de sus sentencias anteriores. Una tercera categoría digna de mención la conforman las herramientas que permiten estructurar y clasificar documentos, extraer la información importante o incluso resumir textos.

Como profesionales del Derecho

Por otra parte, la IA es un sector productivo que la mayoría de los países desarrollados consideran estratégico y al que se están destinando importantes inversiones. Los operadores que lo conforman necesitan asesoramiento y un buen marco legal. De ahí que podamos afirmar que la IA generará

para los abogados la oportunidad de brindar servicio a varios colectivos: al de los desarrolladores de herramientas, a quienes las utilizan y a quienes sufren un daño por su uso y necesitan defender sus derechos. Por último, hacen falta juristas capaces de desarrollar el nuevo marco legal, así como de interpretarlo y aplicarlo.

Hablamos de una tecnología muy importante, transversal, que ya está generando problemas jurídicos muy interesantes. Un ejemplo es el que surgió como consecuencia del uso de una solución de una empresa privada por parte de los sistemas judiciales de algunos estados de EE. UU., llamada Correctional Offender Management Profiling for Alternative Sanctions (Compas), y que sirve al juez para conocer mejor las probabilidades de reincidencia de un detenido. Una ONG demostró que, aunque su objetivo era reducir los prejuicios a la hora de evaluar el detenido sobre su riesgo de reincidencia, Compas discriminaba por razón del origen racial. Pero lo más interesante de este caso, llamado Loomis, fue que en él se planteó por primera vez ante un juez el derecho de una persona a hacer transparente el algoritmo, es decir, el conjunto de reglas a las que obedece la máquina, la llamada “black box”. Aunque en este supuesto se negó el derecho al demandante por tratarse de una aplicación de titularidad privada y darse prioridad al secreto empresarial, se fijaron una serie de criterios importantes para preservar los derechos fundamentales cuando se use este tipo de tecnología, como que el juez solo use los resultados como apoyo de su decisión, que conozca qué datos utiliza la herramienta, quién es su titular, etc. De este caso podemos extraer algunas lecciones prácticas sobre el papel del abogado cuando la IA afecta a derechos. Tenemos que identificar cuándo se producen este tipo de afectaciones, con qué herramientas, qué tipo de “defectos de fábrica” puede tener, etc. Los ingredientes de la IA son los datos, los algoritmos, el hardware, los desarrolladores. Si todos son de buena calidad, el producto final será bueno, pero no siempre sucederá así.

 

 

Necesidad de regulación y futuro

Como hemos señalado anteriormente, la IA requiere de un marco legal que aún se encuentra en estado embrionario. En nuestra opinión, la solución de desarrollar principios éticos para la IA, aunque interesante ante el vacío legal, no es del todo satisfactoria.

En un plazo previsiblemente no muy largo, el legislador desarrollará esas normas, que confiamos tengan un marcado carácter vertical por la naturaleza variada y compleja de las soluciones de IA (drones, armamento y coches autónomos, robótica para el cuidado de enfermos y mayores…) y una ambición global, porque la IA no conoce fronteras.

Además, la IA afecta transversalmente a casi todas las ramas del Derecho: tributario, laboral, de la competencia, de los consumidores, de la propiedad industrial e intelectual, protección de datos, etc. Surge por ello la necesidad de que los especialistas de estas ramas comprendan esta tecnología y reflexionen sobre su impacto en su área de especialidad.

El futuro de la inteligencia artificial en la profesión jurídica aún está por definir. Los juristas tenemos una gran responsabilidad en el uso responsable de estas tecnologías y debemos prepararnos para ello. La IA eliminará puestos de trabajo, pero también, como acabamos de ver, requerirá de nuevos perfiles profesionales. Los juristas debemos comprender la IA desde todas sus esferas: la de categoría de herramientas que pueden mejorar o reemplazar los servicios que ofrecemos; la de tecnología muy presente en nuestro día a día, que tiene la posibilidad de vulnerar nuestros derechos y los de nuestros clientes; y, finalmente la de tecnología que producen unos operadores económicos a quienes los países más desarrollados ya consideran estratégicos y que necesitarán antes o después el apoyo de un abogado.

En suma, la inteligencia artificial ofrece una oportunidad de negocio para los juristas con visión. El momento es ahora, ¿a qué esperas? Súmate ya al reto de la #InnovaciónLegal.